
Hojas largas para hacer de cuerdas, maderas o cañas para construir pequeñas cabañas o instrumentos de pesca y, sobre todo, cocoteros cargados de cocos. Estos son los tres elementos básicos e imprescindibles para que un náufrago pueda sobrevivir solo en una isla.
Pero Mallorca no es así, y las consecuencias para Giuseppe K.O., cuyo velero naufragó a pocos kilómetros de la isla, fueron trágicas. El hombre aguantó hasta tres días, durante los cuales recorrió la zona en busca de posibles alimentos, pero sólo encontró chalés de lujo y polideportivos. Ni un solo cocotero del que poder nutrirse. Y aunque lo hubiese encontrado, probablemente no habría podido agarrar los cocos ni abrirlos, porque la isla tampoco cuenta con reservas de cañas de bambú, material imprescindible para construir los instrumentos básicos.
El gobierno balear ha reconocido que las islas del archipiélago no están preparadas para este tipo de situaciones. “Podemos albergar a turistas británicos y jubilados alemanes, pero asumir la llegada de náufragos es insostenible por nuestro estilo de vida”, declaró el conseller de Presidencia, Albert Moragues.








