The Banana Tribune

Martes, 7 de septiembre de 2010     

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Comer, cagar y la doctrina Mataji

Viernes, Junio 4th, 2010

Hará justo un año fui testigo de la defunción de un abuelo entrañable. Como suele ocurrir, la muerte le sobrevino a cámara lenta. Una afección hepática lo tuvo postrado en una cama de hospital durante semanas, las mismas que su mente pudo con las cornadasque lo absorbían hacia el otro barrio. Para ello, mientras no entendía el por qué continuaba ingresado, trazó una estrategia del todo encomiable. Ésta podría resumirse en tres palabras: comer y cagar. El hombre sabía que mientras jalara habría la consiguiente evacuación y que así, su organismo estaría alerta para batallar contra cualquier enemigo. Para ello, se atracaba con la bazofia de hospital, consciente que así haría frente al tránsito final. La cosa fue a peor y la morfina se llevó la gazuza y con ella, al bueno de Enric.

Cuando acabó todo, entendí que aquello había sido una lección potente y útil. Da lo mismo ser o no ser, comer y cagar, esa es la cuestión. Entonces, hace unos días, apareció en escena Prahlad Jani -Mataji para los amigos-, un hindú de 82 años que lleva desde los 12 sin ingerir alimento ni líquido alguno. Obviamente, la coyuntura me pareció imposible, médicamente y sobretodo, acogiéndome al valioso know how que Enric me había inoculado. Con semejante carta de presentación, no es de extrañar que Mataji se encuentre en observación, para que los médicos dictaminen cómo su enclenque anatomía ha soportado este trance sin consumirse. No cabe duda que su caso ha abierto múltiples interrogantes.

Mataji es la prueba irrefutable que no existe la inanición. ¿Todo el patín que hay en África, es pues, una cantarela para que la opulenta sociedad occidental se ablande? Mataji no habla, no reivindica, no pretende. Es más, dejó de comer y beber porque, aparte de ser un mendigo insolvente, entendió que su vida no tenía un fin, que no existen los acometidos ni las metas. Nadie está programado para ser ‘algo’ concreto en la vida, eso son patrañas para dar sentido a la existencia. Yes esa actitud pasiva, completamente entregada a los designios del birlibirloque, desposeída de voluntad, la que le ha permitido vivir, y seguir haciéndolo, sin ingerir nada. Obviamente, Mataji no come ni bebe y por tanto no caga ni mea; ¿estaremos ante un Dios de carne y hueso?

Asimismo, su aparición en escena es todo un pulso, casi un desprestigio absoluto hacia los huelguistas de hambre. Se acabó la fuerza del mensaje de Gandhi, curiosamente, contraatacado por uno de su misma especie. Pero es que Gandhi sí ambicionaba algo con su comportamiento. Mataji no. Sabe mal pero es así. Exponerse a la inanición como método reivindicativo es ya historia. El bueno de Fariñas ya puede claudicar. Es evidente que las famosas fotos de De Juana Chaos, habrían pasado por el filo del fotoshop para alarmar a las autoridades y que Aminatu Haidar, pese enarbolar una lucha noble en favor de la causa saharaui, no hubiera conseguido quitarse de en medio con su huelga de hambre, que en su caso, amortiguaba con té a la menta. Es decir, que sí miccionaba y por tanto, hacía trampa.

La teoría del ‘paluego’ gigante -muy extendida entre los foros del ciberespacio- es una posibilidad remota para considerarla. En el hueco de una muela ausente, Mataji habría acumulado un enorme montón de cordero al curry que habría ido dosificando hasta la fecha de hoy. Si eso fuera cierto, después de 70 años entre el marfil de Mataji, el cordero habría acabado por pudrirse, creando una fuerte infección que sí se lo habría llevado por delante.

A la espera de los exámenes médicos, en Atolladero cunde el nerviosismo. Si el diagnóstico de Hamlet y su ’ser o no ser’ quedó desfasado por el ‘comer y cagar’ del bueno de Enric, es posible que estemos ante un tercer estadio: la doctrina Mataji; ’si comes, la cagas’.