En vez de comer perdices, el marido salió del armario y se lo montó con el enanito Gruñón
La desgracia se cierne de nuevo en aquella pobre chica a la que la bruja dio a comer una manzana que le sentó fatal.
Al apuesto Príncipe Encantado, que con un beso despertó de su sueño horrible a la bella del bosque Blancanieves, el paso de los años le ha cambiado en gran manera. No sólo se ha hecho arreglar la nariz y depilar el vello del torso y el de las axilas, sino que ha salido del armario y se lo ha montado con el enanito Gruñón. Preguntado por la prensa rosa, el príncipe ha declarado: “Puestos a tener a un gruñón a mi lado, prefiero a uno que no ronque”.( 1 Voto )
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