The Banana Tribune

Martes, 7 de septiembre de 2010     

Archive for Febrero 17th, 2010

Donato, el chimpancé que escribió El Código da Vinci en sánscrito

Miércoles, Febrero 17th, 2010

Me desplazo al zoo de Berlín para conocer en persona… en… no sé cómo decirlo. ¿Cómo se conoce a un chimpancé? ¿En simio? Pues me dirijo a conocer en simio a Donato, el chimpancé que dicen que ha escrito con una máquina de escribir la traducción al sánscrito de El código da Vinci. Me recibe en la jaula el propio Donato, un chimpancé macho de complexión recia, y su cuidado, Karl Scheleimacher.

-¿Cómo he de dirigirme a él? -Es lo primero que pregunto.

-En principio, de usted. Luego si ya le coge confianza, le dirá que puede llamarle Donato. No se olvide de mirarlo a él y no a mí cuando haga sus preguntas, que le sienta muy mal. Pero tampoco lo mire mucho directamente a los ojos, porque creerá que lo está desafiando, o que le quiere robar sus hembras.

-Dios me libre.

Me siento en una silla en medio de la jaula, y frere a mí se sienta el señor Scheleimacher. Donato acomoda el culo desnudo en el suelo y me mira con altivez. Su actitud no difiere demasiado de la de otros escritores que conozco.

-Buenos días, señor Donato. Me alegra mucho que accediese a esta entrevista para Banana Tribune. Déjeme felicitarlo por el éxito de su traducción al sáncrito de El código da Vinci, y de su fama más que merecida.

El chimpancé se me quedó mirando, y el señor Scheleimacher no dijo ni pío.

-¿Es que no se lo va a traducir?

-No, si él lo entiende todo. Luego ya por los gestos que haga y los gritos que pegue ya le comunico yo luego lo que le ha respondido. Venga, pregúntele sin miedo.

-Ah, bueno. Dígame, señor Donato: usted procede de una larga estirpe de monos sabios…

Donato me interrumpío con una serie de gritos y miradas amenazadoras.

-Dice que mono sabio lo será su madre, que él es un simio inteligente.

-Ah, bueno. Pues eso, usted pertenece a una larga estirpe de simios inteligentes, y proclama que es descendiente de Washoe, la primera chimpancé que aprendió a comunicarse con los seres humanos a partir del lenguaje de signos.

Donato hizo varios gestos y suspiró.

-Dice que su abuelita fue una gran simio y que la echa de menos. Les gustaba contarse historias y hablar de sus tiempos en África. Probablemente escriba una saga familiar sobre cómo su familia salió del viejo continente y se labró un futuro entre los humanos.

-Ah, como Raíces.

Donato bufó con desprecio y volvió a gesticular.

-Dice que no le hable de los negros, que no los puede ni ver.

-Vaya, no sabía que era racista.

-Dice que no es que sea racista, a él todos los humanos les parecen lo mismo. Aunque ahora que lo menciona a los capuchinos y a los orangutanes no los tiene en ninguna estima. Son especies llenas de vagos e incapaces de un verdadero pensamiento elevado y racional. Y cuando murió Copito de Nieve se fumó un puro.

-Ah, ya. Lo que ya no está claro es que sea usted descendiente del simio que protagonizó aquel cuento de Kafka, Informe para la academia. Pedro el Rojo es un personaje de ficción.

Donato se pone en pie y muy serio se pone a gesticular largo rato.

-Dice que Pedro el Rojo es un personaje real borrado por la conspiración humana para mantener a los simios fuera del poder. Pedro el Rojo fue un verdadero revolucionario cuyas enseñanzas pasan de generación en generación entre los chimpancés, que a su vez van preparando el día de la liberación. Y dejémonos ya de tonterías: aquí hemos venido a hablar de mi libro. Porque llevamos un rato hablando de otras cosas que no interesan a nadie y todavía nadie ha dicho nada de mi libro.

-O-tiá. Bueno, vayamos al grano. ¿Cómo se le ocurrió lo de poners e a teclear en una máquina de escribir al azar y terminar escribiendo la traducción al sánscrito de El código da Vinci?

Donato mira a su cuidador y es él el que responde:

-Pues la verdad es que nos acogimos a un programa de prueba de lo de ver qué escribiría un chimpancé pulsando letras al azar. La verdad es que la mayor parte de sus congéneres las utilizaron para hacer encima sus necedidades o tirárselas a otros a la cabeza, pero el señor Donato rápidamente se vio atraído por ella y se dedicó en cuerpo y alma a escribir, con verdadera devoción y disciplina. Primero salieron algunos poemas de Shakespeare, para practicar, y luego extrañamente empezó a escribir palabras que parecían al azar, hasta que uno de nuestros colaboradores se dio cuenta de que no, era la transcripción al alfabeto latino de la traducción al sánscrito de El código da Vinci. No vea qué sorpresa.

-Ya, me imagino. Pero según parece ya no escribe a máquina, ya que pidió un ordenador. Dígame: ¿es usted más de Microsoft o prefiere el software libre?

Donato se acarició golosamente la entrepierna con los ojos en blanco.

-Dice que no puede esperar a tener un iPad en las manos.

-Ya entiendo. Y dígame: ¿siempre ha querido ser escritor?

El simio se llevó las manos a los ojos como si viese a través de unos binoculares y gruñó.

-Dice que desde que vio a varios niños leyendo a Harry Potter, que supo lo que quería hacer en la vida.

-¿Es Harry Potter su libro preferirido?

Donato bufó y realizó varios gestos inequívocamente obscenos.

-Dice que no sea estúpido, que es un chimpancé y que no sabe leer.

-Bueno, pero sabe escribir.

-Dice que qué tendrá que ver una cosa con la otra. Que hay escritores humanos que parece que tampoco han leído un libro en su vida. Al menos él lo reconoce. Pero le encantaría poder leer la biografía de Chita, la compañera de Tarzán.

-Ahí me ha pillao. Y dígame, Donato: ¿por qué ese libro en particular? ¿Y por qué en sánscrito?

-Dice que era lo que veía más en las manos del público. Lo del sánscrito, pues un capricho. Además, escribir ese libro en inglés lo hace cualquiera. En sánscrito ya es otra cosa.

-Sin embargo hay algunos especialistas en sáncrito coinciden en que la traducción no es exacta en algunos párrafos y que incluso hay algunas vacilaciones en la gramática.

Donato se encabrona, se lanza contra las rejas y grita al público mientras gesticula hacia su cuidador. Después se relaja un poco y vuelve a sentarse en el suelo mientras me mira furibundo.

-Bueno, ha dicho algunas cosas difíciles de entender. Básicamente que los críticos son una panda de amargados frustrados e hijos de puta que no reconocerían el verdadero talento ni aunque les cayese encima por la calle.

-Ya. Y dígame, señor Donato: ¿cree que la literatura escrita por simios tiene futuro?

Donato se ríe enseñando todos los dientes y habla un rato a su manera.

-Dice que los cuadros de algunos de sus congéneres, así como los hechos por gatos o elefantes, se encuentran ya en pinacotecas y son indistinguibles de los pintados por humanos, así que lo de los libros sólo es cuestión de tiempo. Ya ha hablado con varios editores muy interesados en su obra, y dice que él se conforma con plátanos y algún gadget de última generación. El futuro de la literatura es de los simios y tendrán que acostumbrase a él.

-Bueno, tampoco es mucho peor lo que nos esperaba de la otra manera. Bueno, señor Scheleimacher, ha sido un placer charlar con usted y con el señor Donato.

Estreché la mano del cuidador, y cuando fui a hacer lo propio con el simio éste echó la mano para atrás y se la llevó a la cabeza mientras hacía pedorretas con los gruesos labios y se partía de risa con su ocurrencia. Oyendo todavía su risa me fijé que en una de las paredes de la jaula estaba pegada una postal de la Estatua de la Libertad. La última mirada que crucé con Donato no necesité que me la tradujese nadie, porque decía claramente: “Os vais a cagar”.

Pensaba en esto intranquilo mientras esperaba en la parada de autobús a que pasase el de las tres y cuarto Berlín-Jerez de la Frontera, que me deja justo enfrente de casa, no como el Varsovia-Huelva, hasta que ya luego a la altura de Burdeos me dije: “Bah, total peor que nosotros no lo van a hacer”.

  • Share/Bookmark