The Banana Tribune

Martes, 7 de septiembre de 2010     

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La mejor obra en 3D de la Historia

Jueves, Enero 7th, 2010

Con un efecto de profundidad alucinante y mucho mejor conseguido que el Real 3D. Y sin necesitar más gafas que las mías. Esto, amigos míos, es autoestereoscópico. Eso sí que es un avance técnico.

Me fui a la orilla del mar, planté la silla con el cubo de palomitas y me vi tres horas las olas rompiendo contra las rocas. La historia era un poco vista, me suena de otras actuaciones, pero siempre hay matices distintos: a veces llueve, unos días sopla el viento de un lado y otros del contrario, a veces pasa un barco y en ocasiones se siente la emoción de ver cómo un pez emerge súbitamente de la superficie en un indescriptible estallido que reverbera con mil facetas distintas al incidir la luz en el agua, reflejada en tonos sublimes. El espectáculo culmina de manera que no sorprende, pero que es la consecuencia lógica e inevitable de todo el proceso: en un apoteósico final Febo Apolo se precipita y sumerge en la mansión de Poseidón, que le da cobijo durante la noche: una escena agónica y vibrante llena de infinitos matices naranjas y rosados en una bella metáfora del ciclo de la existencia y del eterno retorno.

Al final, respetuosamente, como si tanta maravilla sólo pudiera dejar paso a una humilde oscuridad, anochece.

Y en el infinito lienzo del cielo aparecen una a una las estrellas.

Antes de volver a casa a meditar sobre lo que han contemplado mis ojos, y con ellos arrasados en lágrimas, alzo mis manos al cielo y aplaudo a Dios por ser autor de tan soberbio espectáculo, que día tras día crea para nosotros, y lo alabo sin medida en agradecimiento por haberme concedido el don de la vista y el entendimiento para comprender los principios de la óptica, la difracción de la luz y el efecto Rayleight, todo parte de la Creación y del infinito conocimiento y capacidad técnica de Dios, Supremo Ingeniero y Director del Universo.

Y por si fuera poco, de gratis, para todo aquél que quiera verlo y sin cobrar un chavo. Dios sabe que compartir es bueno. ¡Dios sí sabe lo que es la cultura libre!

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Películas portadoras de valores eternos: Avatar o Los Pitufos con conexión USB contra el Imperio de la SGAE

Miércoles, Diciembre 23rd, 2009

La película no sé si la he entendido muy bien. Primero al entrar me dieron unas gafas. Iba a decirles de que no, que yo ya tenía las mías y además graduadas, pero era tal la marea de gente entrando que apañé lo que me daban. Luego vi que todo el mundo se las ponía, y como me dijo mi abuela donde fueres haz lo que vieres y calladita la boca, y más en el cine. Así que me las puse. Se veía un poco más oscuro, pero no me importó, porque hizo que en la película se viese todo como aquella vez que mi primo Pepe me dio una pastilla de color raro y amanecí en pelotas tumbado en una playa. Otra vez me dieron a elegir entre una pastilla roja y otra azul, pero ahora no recuerdo cuál de las dos me tomé.

También, cuando en la película pasaban cosas raras, se encendía un motor o algo, el asiento se meneaba, con lo cuál algunos al salir de la proyección corrieron a las letrinas víctimas del síndrome del zurullo mareado. Una mujer, con los ojos brillantes, respondió cuando su marido le preguntó si le había gustado la película: “Sí, la película también me ha gustado. Oye, ¿costará mucho uno de esas butacas para casa?” Otro joven, más gráfico, dijo que, de haber tenido una botellita de aceite cerca de la entrepierna, en ese momento tendría el escroto a rebosar de mayonesa.

Cuántos son los avances de la ciencia, y qué humildes debemos sentirnos ante ellos.

La película me ha gustado, pero como siempre el espectador atento debe entender mucho más allá de lo que en la superficie nos muestran los cineastas. Estamos en el año 2154, y por lo que podemos colegir y por cómo es el mundo en esa fecha, el partido republicano lleva mandando muchos años y ya nadie se acuerda de Obama ni de Zapatero, porque de talante y Alianza de Civilizaciones, ni mijita. La letra a los pueblos inferiores o menos desarrollados políticamente, se les mete con calzador sea como sea, y lo de la Guerra de Irak para conseguir recursos naturales en comparación una coña. No, éstos no tienen armas de destrucción masiva… pero son azules, que es peor. Por lo tanto, hostiables. El protagonista también da que pensar: es un marine que se ha quedado parapléjico, pero a pesar de ser un héroe nadie le arregla la columna aunque hay tecnología médica de sobra, y como lo de vender cupones de la ONCE no da para mucho ve llegada su oportunidad cuando muere su hermano gemelo para el que habían hecho un avatar con el que interactuar con la especie dominante de la luna Pandora (la de todos los dones), así que para allá se va, literalmente, con el petate al hombro.

Allí se encuentra con Sigourney Weaver, y una de dos: o para ella no pasan los años, o es que siempre tuvo cara de vieja, y yo la verdad es que voto por lo segundo. Me imagino que no habrá quedado nada satisfecha con la película, porque su avatar de color azul, sinceramente, es bastante más atractivo que ella.

Bueno, me imagino que ya sabéis todos de qué va esta vaina: el tipo queda fascinado por la cultura tribal de esta gente que vive en plena comunión con la naturaleza, y básicamente son como los indios: se pintan el cuerpo, hablan con un Manitú o Gaia que representa a toda la fuerza de lo vivo, y al final el tipo comprende que los intereses de su raza son horrorosos porque no quieren sino explotar los recursos naturales de la luna, masacrando a los pitufos de tres metros en el proceso si es necesario. Vamos, que es Bailando con lobos pero con pitufos, y así lo han entendido los creadores de South Park, por ejemplo, e igualmente hay reminiscencias de La selva esmeralda, de Pocahontas e incluso de El Último samurai, que más de uno rebautizó como Bailando con samurais.

Básicamente esto es lo que nos está diciendo James Cameron: que a mediados del s XXII sigue habiendo pérfidas multinacionales de nivel planetario que siguen sin hacer contrato fijo a la gente y no se bajan del modelo colonial del s XIX, mientras que vaya uno a donde vaya siempre se encontrará a un cabronazo promilitarista que piensa con el cañón de la pistola y que siente desprecio por todo el que sea intelectual o científico y no se dedique a la industria del armamento. De paso, según parece, hasta nos hemos cargado casi el planeta,  menudo panorama, y tendríamos mucho que aprender de esos buenos salvajes que viven en total armonía con la naturaleza, así que consideran que todo es un flujo de energía vital entre las distintas formas de vida. Por eso, cuando cazan un animal, le dan las gracias por proveerlos de sustento a ellos y a la tribu, aunque no se ve que cuando un animal los cace a ellos digan que sin rencores y de buen rollo, a veces nosotros os comemos y otras nos toca chupar las del pulpo, es lo que hay, chico. Supondremos que es así. Oyes, que se han comido a tu hijo. Ah, vale, qué se le va a hacer: espero que les aprovechase.

Bueno, en parte esta interpretación de la película es así, no se puede negar, pero creo que esa interpretación simplista oculta otra mucho más profunda y fundamental de la que le puede obtener enseñanzas mucho más importantes, y además de plena actualidad.

Lo importante es que Pandora viene a ser, según nos dan a entender, un enorme ser vivo autoconsciente a cierto nivel, en el que las criaturas dotadas de plena conciencia son los humanoides Na’vi, nuestros pitufotes de tres metros. Es decir: las plantas fosforescentes que hacen que de noche eso parezca una discoteca, los animales y los Na’vi están conectados en una red global… por la que se enchufan por medio de una especie de conexión USB que tienen en la coleta. Te enchufas al caballo, y conduces al caballo; te enchufas al bicho que vuela, y conduces al bicho que vuela, y también se pueden conectar todos en serie a la red global, donde descargan actualizaciones y drivers nuevos, o acceden a Archive.org. Si se conectan entre ellos pues… ¡ejem!, lo que estáis pensando, me imagino. A la red global la llaman Eywa, que en su lengua es Gaia, pero en el fondo no está demasiado avanzada porque wifi todavía no tienen.

¿Veis por dónde van los tiros? Estamos hablando de una sociedad de seres libres e iguales que comparten por medio de una conexión global sus conocimientos, experiencias y amor por el medio en el que viven… que fíjese usted por dónde… qué casualidad… está creado íntegramente por ordenador. La naturaleza idílica, edénica y perfecta, son unos CGI del copón. No sé si es ironía, que el mundo funciona al revés o que yo doy más de mí. Sí señor: los pitufotes son una panda de geeks que creen en la cultura libre y en vivir de forma altruista en la esfera de datos, mientras se lo pasan en grande en actividades lúdicas tipo videojuego, como ir en plan ninja o comando en medio de la selva, volar en bicho volador haciendo cabriolas y cosas así.

¿Y quiénes son los malos? Pues los defensores de un modelo obsoleto de negocio, una panda de mineros que lo único en lo que piensan es en crear productos para luego comercializarlos en exclusiva, en vez de participar en una sociedad abierta en la que fluya libremente el conocimiento y toda experiencia sea compartida por todos y pase al acervo de la raza, al que luego se accede por medio de un árbol que debe estar hecho de fibra óptica porque no veas cómo brilla, y que debe ser el equivalente de un firewire, porque descargas datos que no veas.

Ni más ni menos: los malos representan a la SGAE. Ya, también tienen ordenadores, y tecnología, pero la usan de forma egoísta y en su propio beneficio, y creen en la guerra preventiva: primero prohibir las cosas, por si acaso.

¿Veis cómo las películas no hay que entenderlas en su primera capa de significación, sino que hay que profundizar? En realidad es una sociedad primitiva y bárbara la que se enfrenta a una más avanzada, pero sólo el espectador ingenuo ve que es la sociedad humana la más poderosa, empezando porque los muy cenutrios quieren hacer un bombardeo con un montón de paquetes de explosivos atados con cuerdas y un detonador por tiempo. Por eso, cuando Eywa se rebota, ¿al final quién es el que gana? Y si gana, es mejor, son los buenos los que ganan, todos lo sabemos. Todos los pitufotes internautas conectados por USB se rebelan, leen un #manifiesto a sus compañeros para defender sus derechos fundamentales y su modo de vida y ahí se monta la de Dios es Cristo. Por eso el momento culminante de la película es cuando el malo, que es malo porque es malo-malo, malo por el simple gusto de ser malo y con plena dedicación a la maldad, desenfunda un cuchillo gigante porque va enfundado en una armadura (marca de la casa, porque recuerda a la de Aliens), y se pelea con el bueno. Muchos han dicho que ésa es una escena ridícula. Pudiera ser el caso, pero no porque Cameron lo equilibra con el siguiente y original diálogo entre el bueno y el malo:

-¡Déjalo! ¡Ya habéis perdido!

-¡No mientras yo siga respirando!

-¡Esperaba que dijeras eso!

Qué chispeante.

Del mismo modo, Cameron demuestra saber lo que quiere el público cuando vemos cómo intentan hacer un back up de Sigourney Weaver, pero comprueban que el soporte original está corrupto y no pueden recuperar los datos antes de que se produzca el shutdown definitivo. Bueno, ya sabemos cómo va a acabar la película y que James Cameron aprobó Guión 101, pero a lo mejor es lo que queremos. Igualmente cuando la chica dice “Hay algo que es la poshya y que sólo lo han hecho unos pocos en toda la historia”, ¿alguien duda que el héroe va luego y lo hace del tirón? Pues claro que sí. No queremos sobresaltos, que ya nos están meneando la silla y más inseguridades podrían llenarnos de zozobra.

Algunos han dicho que esta película no es que sea mucho arroz para tan poco pollo, sino que es una tonelada de arroz para una pastilla de caldo de pollo, y quizá tengan razón, pero quién sabe si no es la certificación del signo de nuestro tiempo: la fascinación ante la nada, pero no por nada sino por lo grande que es. Será nada, pero es mucha nada. Es nada, pero es enorme, grandísima, un prodigio tan vacío  como inútil, el alarde de no decir nada nuevo, no contar nada original ni profundo o que no cause irrisión sino simplemente ser un cascarón enorme lleno de aire, nada, y que como todo gran arte refleje fielmente lo que somos.

Por eso, para ver esa nueva realidad, necesitamos ponernos delante unas lentes que deformen nuestra visión y nos permitan captarla en toda su gloria, y como ya no sabemos conmovernos solos ni los demás saben cómo hacerlo, tienen que sacudirnos el culete.

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