A mí no me gusta ser alarmista, utilizar metáforas floridas ni hacer aseveraciones categóricas, insultantes o poco contrastadas, pero está claro como el diamante para el que no sea un completo idiota que por medio de las famosas películas para niños o infantiles penetra en el tejido social desde las edades más susceptibles un hedor progresista que amenaza con socavar nuestra fibra moral como una dolorosa caries, de modo que si no paramos esto a tiempo la destrucción de nuestra sociedad es inminente.
Empecemos por el caso de Los Pitufos, ya sobradamente conocido pero que nunca está de más recordar. Se consituyen en una sociedad cerrada de pares, todos ellos dedicados a tareas comunales en un sistema de producción primitiva bajo la tutela de un señor de barba blanca vestido de rojo que supuestamente da a cada uno según sus necesidades, mientras que su enemigo, el mago Gargamel, no piensa sino en el avance de la ciencia y la forma de producir oro. Vamos, no me voy a molestar ni en expresar en voz alta la única conclusión lógica que tiene esto: nuestros niños están siendo adoctrinados en lo que usted y yo estamos pensando.

Ni Papá Pitufo ni Papá Noel. El mismo. Ustedes dejen ver Los Pitufos a sus hijos, pero cuando les rebanen el cuello de oreja a oreja por la noche, a mí no me vengan con que no los he avisado.
Pero esto no es nada si lo comparamos con otras aberraciones ideológicas que pueblan nuestras pantallas desde hace años, extendiendo mensajes subversivos bajo la inocente apariencia de fábulas con animalitos.
Ant Bully.
Un niño es miniaturizado y se integra en una sociedad de hormigas, donde aprende las bondades del trabajo duro e interioriza la necesidad de una clase ilustrada dirigente que domine al conjunto del proletariado, que no debe cuestionar nunca su status, sino seguir ciegamente las directrices de esa élite revolucionaria que garantiza la igualdad de todos y la prosperidad de la especie.
No, venga, en serio: ¿quién escribió la historia original en la que luego se inspiró este guión? ¿Lenin?
Bee Movie.
Si el anterior ejemplo ya era indicativo de cómo la entomología y el cine no se deben mezclar nunca (excepto quizá en Fase IV, donde los insectos aparecían como lo que son, unos comunistas de mierda), esto ya es el acabose.
Ojito con lo que voy a decir, que se explica solo: las abejas toman conciencia de clase, empiezan a percibirse a sí mismas como clase privada de los frutos de su trabajo y reclaman tomar en sus propias manos los medios de producción para así superar su estado de alienación económica y derribar a la clase explotadora, el hombre. Una vez conseguido su objetivo e instauradas las colmenas como modernos koljós, las abejas emprenden una labor de expansión de sus ideas revolucionarias a otras especies víctimas del imperialismo capitalista, como las vacas, desposeídas de las plusvalías generadas por la leche.
¿Qué será lo siguiente? ¿Juicios por genocidio contra los carniceros? ¿De verdad queremos que esto sea lo que vean nuestros niños?
Happy Feet.
Lo mejor para el final. Yo sí que tendría felices los pinreles si se me pusiesen en fila a los que hicieron y a los que disfrutaron de esta película, y les pudiese dar a cada uno cien patadas en la boca. ¡Rojos! ¡Ecolojetas de mierda! ¡Vazura!
Los pingüinos… ¡que-se-jo-dan! ¿No los llaman los pájaros bobo? Pues que se extingan como el Dodo, que se llamaba así por eso, porque era tonto del culo. Ya hace mucho que se extinguió el pingüino boreal, así que sus primos del sur que se apliquen el cuento. A ver si aprendemos: si los animales no pueden sobrevivir en el mundo tal como lo hemos modificado los seres humanos, no es nuestro problema. ¿Que no hay peces en el mar? Pues que se busquen un trabajo como nosotros y los compren en la tienda, como hacemos los demás que nos tenemos que ganar la vida. Ya está bien de tontería, leñe.
¡Que hubiesen evolucionado como evolucionamos nosotros, que nuestro trabajo nos costó! Australiana tenía que ser la película. ¿Vosotros conocéis algo bueno que haya salido de allá? Pues como yo. ¿Y quién escribió el guión? ¿Al Gore, que ese mismo año hizo de Una verdad incómoda?
Si queréis estar cómodos, sacaos el palo del culo y buscaos un trabajo honrado, ¡gandules!


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