Por fin se ha resuelto el enigma que planeaba sobre la muerte de Tutankamón desde que Howard Carter descubrió su tumba en 1922. Un minucioso estudio del ADN de la momia confirma una alteración genética fruto de los nervios y las emociones en el momento de su traspaso. Eso, junto a la sonrisa con la que murió el joven rey de 19 años, no hace más que confirmar la teoría de que murió jugando al escondite.
Parece ser que Tutan, que así se llamaba, estaba jugando con sus amigos. De pronto decidió esconderse en un sarcófago vacío que su madre había dejado en la habitación de los tesoros por falta de espacio. El joven, que al ser el mandamás de la corte podía pasear por todos los lugares del palacio, encontró en el sarcófago un buen lugar para esconderse. Pero con los nervios y la emoción dio, sin querer, un pequeño golpe a la tapa que provocó que ésta se cerrara bruscamente atrapándole por los siglos.
La incapacidad de sus compañeros de juego, y más concretamente de Rahmed, el niño al que en ese momento le tocaba parar, para buscarle, hizo que Tutan estuviera desde 1324 a.C. hasta 1922 sin ser encontrado. Evidentemente el niño faraón fue el ganador del juego, pero él nunca llegó a saberlo.
Se cree que el nombre de Tutankamón, con el que se le conoce en nuestros días, deriva de los gritos que, para encontrarlo, daban los miembros de la corte en un arcaico inglés. “Tutan C'mon! Tutan C'mon!”, cuya traducción sería “Tutan venga” o “Tutan vamos”.
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