Me pide el pueblo soberano una reseña del partido de la Selección española; un texto que no he hecho porque el primogénito de mis gatos ha pisado la vitrocerámica encendida cual Cañizares, Busquets u otros guardametas inventando excusas para ocultar una juerga del tipo siete putas, dos prófugos de la justicia y un ex coronel del Pacto de Varsovia echábamos una partida de poker en Tijuana hasta que uno, no recuerdo quién, le escupió el gusano del licor a la cara a otro, no recuerdo quién, se lio la de ‘Abierto hasta el amanecer’ y alguien me trajo a casa en este estado, no recuerdo quién.

No me emociona jodernos a los franceses. Me hubiera gustado hacerlo o en los cuartos de la Eurocopa donde Cañizares dejó las dos escuadras limpias e impolutas como para comer luego en ellas nouvelle cuisine, o en el Mundial donde Zidane vino acompañado de Makelele y Vieira, dos extras del ‘Uno de los nuestros’ europeo, me refiero a la cinta de reciente estreno ‘Un profeta’, maravilla en los cuatro idiomas capitales para manejarse en el tráfico de heroína: corso, francés, italiano y árabe.
Ni me importa ridiculizar a Raymond Domenech, pérfido catalán que cuestiona la unidad de España porque carece de pene y su madre es albina. De hecho, no sabía ni que seguía en la selección gala.
Quiero que todo esto suceda en un partido decisivo. En la fase final de una competición oficial. Y con Del Bosque dudo que pueda ocurrir. El seleccionador que ocupa el cargo de Luis Aragonés por las tácticas mafiosas del clan de los Ruiz Hierro no va a ser capaz de motivar a sus pupilos para una cita en la que los rivales no se han llevado en la maleta la ropa de jugar al golf porque aprovechan el parón liguero parar irse con sus mujeres a la costa naranja murciana. Tendremos un accidente, un estas cosas pasan en el fútbol. Y por qué lo sé, porque supe que iba a pasar frente a Estados Unidos y, efectivamente, pasó. Como en una novela naturalista, como saludó Kruschev el golpe de estado de palacio que le desbancó: porque la mierda flota.
No quita que enfrentarnos a Francia me traiga simpáticos recuerdos. Tenía yo un amigo que de pequeño vino a ver a mi casa un partido contra los galos. Marcó primero Baquero y salimos a la ventana a gritar gol. Luego metieron ellos y él, que no se había perlado bien de la mecánica, también salió a gritar gol. Y así siguió, hasta que casi le pego, con los otros dos que nos endosaron. Me refiero a un tres a uno del que se hizo eco ‘Vídeos de primera’ con Alfonso Arús cuando salió un tipo gritando ese gol de Baquero en mitad de un bautizo. El caso es que otro día mi colega jugando con una silla no sé muy bien qué hicimos, pero se plegó de golpe y una de sus falanges digitales describió una hermosa parábola en el aire. Yo no es que me alegrase, como con el rollo de este amistoso, pero asimismo una cosa en verdad digo: justicia es justicia.


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